"El árbol de las leyes ha de podarse continuamente"
Anatole France.
Nos encontramos no en una época de cambios, sino en un cambio de época en cuanto al derecho mexicano se refiere. Las reformas a nuestra Constitución, en materia de derechos humanos y procedimiento penal, así como las recientemente impulsadas por el Gobierno Federal, en materias educativa, fiscal, laboral, energética y de telecomunicaciones, nos obligan a los profesionales del derecho a hacer un alto en el camino y tomar conciencia de la necesidad de romper los paradigmas que han prevalecido hasta ahora, con no muy buenos resultados en algunos tópicos.
La resistencia al cambio es connatural al ser humano, producto del miedo a lo desconocido y en el caso de los abogados, me atrevería a decir, por temor a no satisfacer las expectativas que la sociedad tiene de nosotros por un lado, y por el otro, por la falta evidente de actualización.
Es por eso, que no podemos quedarnos como meros espectadores de esta dinámica que transforma poco a poco nuestro sistema jurídico, ni mucho menos pretender que con las herramientas intelectuales con las que contamos hasta ahora, podremos hacer frente a la nueva realidad que se nos avecina.
El estudio diario, la actualización en los conocimientos jurídicos, la capacitación en las nuevas formas de hacer y decir el derecho, resultan indispensables para seguir llamándonos abogados, sin importar el título y la cédula profesional.
Entender que debemos de pasar de los escritos acartonados a la oralidad, de la aplicación literal de la ley a las diferentes posibilidades de interpretarla conforme a cada caso o conflicto, de la ya no tan operante pirámide kelseniana al bloque de constitucionalidad y sobre todo, abandonar los machotes y discursos adornados con tecnicismos anquilosados, para elaborar una correcta argumentación jurídica, que sea sencilla sin dejar de ser técnica, son tareas que ya no podemos aplazar.
El derecho es dinámico, siempre lo ha sido y la resistencia a ello bajo el argumento de "siempre se había hecho así" o "es que rompemos con años de tradición jurídica", no hace más que limitar nuestras capacidades e impide la oportunidad de ser cada día mejores abogados. Recordemos que el derecho actual es producto, precisamente, de romper con los paradigmas.